Un justo

Hoy ha sido un día de mucha reflexión. Los resultados de las elecciones de este pasado 6 de noviembre fueron desalentadores. No es porque haya ganado el partido que no es de mi preferencia, yo no voto por colores ni por afiliaciones políticas. Prefiero votar por la moral y por los derechos de la familia. Sin embargo, me tomó por sorpresa los resultados, no sólo del Presidente de los Estados Unidos y el Gobernador de Puerto Rico, sino de ciertas enmiendas que se aprobaron en el estado de Maryland. Cuando miro estos resultados, mis ojos son abiertos nuevamente a la confianza de que Dios es soberano y que está al control de todos los partidos y de todos los gobernantes. Aunque para nosotros pareciera una derrota momentánea en asuntos de la familia, no hay nada que Dios no trabaje para el bien del cristiano (Rom 8:28). Sigamos orando por nuestros gobernantes para que algún día ellos lleguen a los pies de Cristo (1 Tim 2:1-3). Oremos por la iglesia para que continúe su misión de expandir las buenas nuevas de Cristo. Oremos para que el pueblo cristiano no se desaliente, sino que siga luchando por los derechos de la familia. Y oremos para que Dios regrese pronto por su pueblo (Apocalipsis 22:20). Antes de saber los resultados de las elecciones, una historia que pasaba por mi mente continuamente era la de Lot y Abraham, cuando Dios le dio la noticia a Abraham de que Sodoma y Gomorra serían destruidas. La pregunta de Abraham retumba en mi mente, “¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?” La respuesta de Dios a Abraham fue que no destruiría a esa nación si quedaban diez justos en aquél lugar. Nosotros sabemos lo que eventualmente ocurrió en Sodoma y Gomorra. Fueron destruidos pero la misericordia estuvo sobre Lot y su familia (los justos por los cuales Abraham estaba abogando). Entonces, aplicando esto a nuestra realidad, la misma pregunta le hacía yo a Dios por nuestra nación. Habían tantos asuntos sobre la mesa que mi pregunta hacía Dios era, “¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?” “¿Permitirás que se pase legislación que afecte a tu pueblo?” Pero sentí como si Dios me consolara con pensamientos de paz. Él conoce a los justos y cuida de ellos. Lo que Dios demanda de estos justos es que seamos fieles hasta el final. No será la primera ni última vez que nos encontraremos con legislaciones o gobernantes que atenten contra los valores cristianos. Personas como Daniel, Saúl, Elías, Juan el Bautista y los discípulos tuvieron que enfrentar gobernantes por diferentes asuntos que atentaban sobre los decretos de Dios. Pero nuestro llamado no es a preocuparnos ni desalentarnos por lo que hagan o deshagan estos gobernantes. Nuestra esperanza y recompensa se encuentran en Cristo. ¡Anímate cristiano! Como dijo el salmista, “Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan” (Salmo 37:25).

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¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!»Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios,ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes,ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. –Romanos 8:31-39

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¡Votemos por la familia!

Este año fue la primera vez que voté en los Estados Unidos. Estoy muy contenta de haber nacido en una nación que me permite votar. Por esa razón, exhorto a todos los que puedan a que ejerzan su derecho al voto. Pero más que nada, que voten por los valores y la moral. Nuestras familias están siendo atacadas por muchos lados, así que no permitamos que otras personas definan lo que debe ser la familia. Oremos por nuestros líderes para que Dios los toque y se les revele de una manera especial.

Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos,  especialmente por los gobernantesy por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador.”
~1 Tim 2:1-3