Bástate mi gracia

Cuántos de nosotros no hemos sido ministrados por el mensaje que le escribió Pablo a los Corintios en 2 Corintios 12:9 que dice, “Bástate mi gracia, porque  mi poder se perfecciona en la debilidad».Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (Reina Valera). Yo sé que para mí este versículo me ha acompañado por muchos momentos difíciles. Pero creo que al concentrarnos tanto en la verdad que se encuentra en el versículo 9, nos olvidamos de la historia detrás de este versículo. ¿A qué situación le estaba Dios respondiendo a Pablo con “bástate mi gracia”? Pablo nos dice que él tenía una espina en su carne, un mensajero de Satanás, que lo estaba atormentando. Tres veces Pablo le pidió a Dios que le fuera quitada esta espina (por lo que podemos deducir que la espina era dolorosa); pero Dios le contestó, “bástate mi gracia.”
Los otros días estaba leyendo el libro Gracia Transformadora  de Jerry Bridges y mis ojos fueron abiertos a dos cosas que yo no había visto antes acerca de este versículo. Como trasfondo, Pablo abre el capítulo 12 hablando de un hombre que había ido al tercer cielo y había escuchado unas cosas tan increíbles, que no las podía compartir. Ese hombre era Pablo.  Pablo había ido al tercer cielo y había experimentado una visión extraordinaria.  Ahora…supongamos que tú hubieses sido Pablo y hubieses tenido el privilegio de ir al tercer cielo y escuchar secretos que no podías compartir con nadie. ¿No crees que te llenaría de orgullo, aunque sea un poquito? Pues de ese mismo peligro quería Dios proteger a Pablo. Pablo dice, “para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara” (vs.7). Primeramente, ¡qué increíble! Pablo, en vez de resentirse con Dios por permitir esta espina en su cuerpo, se da cuenta que sin esa espina hubiese estado expuesto a la tentación de convertirse en un orgulloso. Y al ver el peligro que tal revelación lo exponía, le da gracias a Dios por su espina (o su debilidad), porque él quería que el poder de Cristo permaneciera en él (vs. 10). ¡Esto me vuela la cabeza! ¿Cómo es posible que Pablo pudiese darle gracias a Dios por una espina en su cuerpo? Esto es porque Pablo sabía que vivía en un mundo pecador lleno de tentaciones. Y sabía que una espina en su cuerpo iba a mantenerlo a él dependiente de Dios. Eso no quiere decir que Pablo no le rogó a Dios que fuese quitado de él tal espina, pero al ver que Dios mantuvo esa espina en su cuerpo para su proprio bien, Pablo pudo aceptarlo y hasta gloriarse en su debilidad. Pero más que la respuesta de Pablo, vamos a mirar lo que hizo Dios. Dios es tan misericordioso que permite (o no permite) cosas en nuestra vida para cuidarnos de ciertos peligros. ¿Cuántas veces no le he pedido yo a Dios que quite algo de mí? ¿O cuántas veces tu no le has pedido a Dios que te saque de una situación incómoda o que te quite alguna enfermedad? Pero esa circunstancia o dolencia sigue ahí. ¿Será que Dios permite esa dolencia para que crezca nuestra dependencia en Él? Y no sólo dependencia, pero también guardará nuestros corazones de tentaciones como el orgullo, la autosuficiencia, u otro pecado que nos aleje de Dios. Sólo quiero exhortarte que si estás pasando por un momento difícil, o una enfermedad, o lo que tú consideres que es una situación que no parece acabar, no te desanimes. Dios nos purifica a través de las enfermedades, dolencias, circunstancia… y la lista continúa. Dale gracias a Dios por tus debilidades, porque en medio de ellas experimentarás una gracia y una fuerza que no podrías producir por ti mismo. ¡Mantennos más dependientes de ti Señor, queremos ser débiles para que tú seas nuestra fuerza!

Hambre y sed

Ha habido ocasiones donde me he concentrado tanto en un proyecto por un largo tiempo, que se me olvida merendar o beber agua. Cuando finalmente me doy cuenta, ya es muy tarde…no importa qué o cuánto coma o beba, mi cuerpo no parece saciarse. ¿Alguna vez te ha pasado esto?  No podemos negar que el hambre y la sed son necesidades de nuestro cuerpo que retornan constantemente y piden nueva satisfacción todos los días. ¿Qué pasaría si nosotros pudiéramos sentir lo mismo cuando tiene que ver con la palabra de Dios y la santidad? Mateo 5:6 dice, “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.” Antes, yo pensaba que este versículo se refería a la justicia social. Por ejemplo, “Dichosos los que tienen hambre y sed de ver que se haga justicia ante el inocente, etc.”  Pero eso no es lo que quería decir Jesús en Mateo 5:6. La justicia a la que él se refiere es a la constante búsqueda de la santidad. El caminar en santidad es algo que toma práctica. Y de la única forma que podemos caminar en santidad es estudiando la palabra de Dios y aprendiendo más de cómo Dios quiere que vivamos. Pero, si nosotros no sentimos estudiar y conocer más de Dios, entonces esta santidad no se va a producir muy bien en nosotros. Por eso Jesús dice que dichoso es el que tiene hambre y sed de caminar en santidad. Más o menos esto nos pinta un cuadro de una persona que no puede saciar su sed o hambre de buscar a Dios. Es como si la búsqueda de la santidad es una necesidad tan básica del cuerpo, como lo es la comida y la bebida. En respuesta de esa búsqueda por la santidad, Jesús dice que ellos “serán saciados”. Dios nos sacia cuando buscamos su rostro. Y lo mejor de todo es que cuando Dios nos sacia, queremos seguir aprendiendo más de él. ¿Alguna vez has aprendido algo de la palabra de Dios y cuando tu  entendimiento se abre ante una verdad, lo que quieres es saber más y más? ¡Es un ciclo perfecto! Yo aprendo, Dios me sacia y en respuesta quiero más. Pero lo mejor de todo es que nuestra hambre y sed algún día serán completamente saciadas cuando estemos en el cielo. Finalmente, veremos a nuestro Salvador cara a cara y él llenará todas nuestras necesidades al convertirse él en nuestra única necesidad.

Salmo 35:27

¡Este último mes ha sido bastante ajetreado! Por lo que he abandonado un poco el blog. Pero en medio de este tiempo, Dios ha sido tan atento en enseñarme a confiar en Él. Antes de continuar el estudio en las bienaventuranzas, quiero compartir un versículo bíblico que me compartió mi esposo cuando yo estaba teniendo dificultad buscando mi satisfacción en Dios. El versículo es Salmo 35:27, “Canten de júbilo y regocíjense los que favorecen mi vindicación; y digan continuamente: Engrandecido sea el SEÑOR, que se deleita en la paz de su siervo.” Creo que además de recordarme del gozo, lo más que me tocó fue la parte que dice, “que se deleita en la paz de su siervo.” Yo nunca había pensado que Dios se deleita cuando sus hijos están en paz. Cuando estamos en paz, estamos libres de preocupaciones, de ansiedades, de disgustos, etc. Y esta es la mejor manera de descansar en Dios. Entendí que Dios se place cuando descansamos en él. Por eso es que Jesús hablaba tanto de los peligros de la ansiedad, porque ellos nos abruman tanto que tornan nuestra mirada a nosotros mismos y no a Dios. Entonces, ¿se puede decir que Dios se enoja cuando no estamos en paz? Para nada. Para eso es la gracia de Dios, que no sólo cubre nuestros pecados pero que también se extiende a nuestro estado de ánimo, circunstancias, etc. A Dios no le sorprende cuando nuestro corazón está aturdido, pues él provee la gracia necesaria para ayudarnos en ese tiempo. Pero creo que cuando estamos en paz, nos regocijamos más en Dios y en sus propósitos; y a la vez, él se regocija en nuestros momentos de paz y de confianza en él. Así que si estás pasando por un momento de desconfianza, ansiedad o molestia, recuerda que no hay nada mejor que deleitarse en Dios y en lo bueno que él es. A la misma vez él se estará deleitando en ti.