Las Bienaventuranzas: “pobre en espíritu”

Cristo comienza lo que se llama como el Sermón del Monte con unas bienaventuranzas. El propósito de ellas es darnos una noción completamente distinta de lo que es la verdadera felicidad. En este mundo, tratamos de encontrar la verdadera felicidad en cosas materiales o en personas. Y no es hasta que Cristo viene a nuestro encuentro que comprendemos que la verdadera felicidad se encuentra en Él. Sin embargo, aun conociendo esta verdad, nuestra naturaleza pecaminosa muchas veces nos engaña a que pensemos que la felicidad se encuentra en todo menos en Cristo. Miramos a nuestro alrededor y dejamos que las semillas de duda en relación a la bondad de Dios dicten nuestra felicidad. La opinión del mundo es que feliz es el que es  rico; los que tienen dinero; los que se gozan en placeres, honores o poder; los que se pasan todo el día de fiesta en fiesta; los que comen y beben de lo mejor que hay; y los que aparentan ser libres de disgustos, problemas y se salen siempre con la suya. Pero Jesús trata de corregir este tipo de pensamiento en nosotros y comienza así, “Dichosos [Bienaventurados] los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (vs.3).  “Pobre en espíritu” no significa que bienaventurado es aquél que anda en depresión, llevado por el miedo o la cobardía. “Pobre en espíritu” significa que la persona “tiene un corazón de pobre, que se siente pequeño, mendigo, insuficiente y depende siempre y en todo de Dios” (Matthew Henry). Esta persona no pone su corazón en riquezas y vive contento aunque esté en abundancia o en escasez. El “pobre en espíritu” también tiene bajo concepto de sí mismo (es humilde) y pierde toda confianza en su propia justicia y depende totalmente del mérito de la obra de Cristo en la cruz. Son personas felices aunque tengan mucho o tengan poco porque saben que Dios cuida siempre de ellos. Son estas personas las que reconocen que esta vida no les dará una felicidad duradera. Son estas personas las que caminan por esta vida pendientes a su hogar eterno, el cielo. Estas personas viven pobres en la tierra, pero reconocen que serán ricos en el cielo. ¡Cuán bueno es Jesús que nos consuela con estas palabras! Nos muestra que el reino de los cielos le pertenece a todo aquél que depende de Él en todo y no estima a este mundo como su hogar eterno.

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Venciendo la tentación

En Mateo 4 vemos que Jesús es tentado por el diablo. Cuando leemos el pasaje, vemos que esto ocurre justo después del bautismo de Jesús, donde el Espíritu Santo cae sobre él como paloma. ¡Interesante! El diablo no le dio “break” a Jesús. Tan pronto como Dios lo selló con el Espíritu Santo, Satanás hace de las suyas. Por eso no nos debemos extrañar cuando miramos nuestro caminar cristiano y vemos todas las tentaciones o problemas que hemos experimentado desde que nos convertimos. Desde que Dios puso su sello en nosotros, Satanás ha tratado de perturbar la obra de Dios. En realidad, las tentaciones nos mantienen humildes. Ya que eso nos deja saber que sin la ayuda de Dios, no podemos batallar nada en nuestra propia carne. También, el que Cristo haya sido tentado debe ser para nosotros un gran consuelo. Porque a través del ejemplo de Cristo, vemos que las tentaciones, si no consentimos en ellas, son sólo aflicciones pero no pecados. ¿Cuáles son las tácticas de Satanás para tentar a Jesús? Primero, Satanás intenta a inducir a Jesús a desconfiar de la bondad del Padre, a poner a prueba innecesaria el poder de Dios y arrebatar al Padre el honor que le pertenece, para entregarle ese honor al diablo. Veamos…

Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan (vs. 3)”. Con esta tentación, Satanás quería que Jesús dudara de la bondad de Dios, ya que Dios parecía haberlo dejado pasar hambre. Satanás le dice, “ordena” no le dice “pídele a Dios que convierta las piedras en pan.” Satanás quiere que seamos independientes de Dios. Quiere crear en nosotros autosuficiencia y orgullo. Nunca te va a decir que mantengas una actitud de humildad. Pero Jesús no convierte las piedras en pan porque él sabía que su alimento era hacer la voluntad del Padre. Y aunque estuviese pasando necesidad, sabía que tenía que esperar en Dios y confiar en Su bondad. Satanás tratará de hacernos desconfiar del afecto y cuidado del Padre. Pero Dios lo que quiere de nosotros es que esperemos en Él, aun cuando estemos en necesidad.

“Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está: ‘Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna (vs. 6).”  Ahora el diablo usa esa confianza que Jesús mostró en Dios para inducirle a que se tirara desde el pináculo. La razón era porque el pináculo estaba en Jerusalén, una de las ciudades más transitadas. Todo el mundo lo vería y su fama crecería. Ya que el diablo no lo podía tirar, por lo menos lo podía influenciar. Le dice, “tírate” nuevamente apelando a la autosuficiencia aparte de Dios. Además, el diablo le cita un versículo a Jesús. Pero lo que le dice es una media verdad. Sí, los ángeles guardan a los hijos de Dios, pero lo hacen mientras estamos “en el camino del deber,” no fuera del camino que Dios dice (Salmo 91). Como dice Matthew Henry, “Todo texto sacado de contexto se convierte en un pretexto. El diablo, no sólo se calló el contexto, sino que usó el texto como pretexto para inducir a Jesús a tentar a Dios con la presunción del cuidado que Dios tiene de sus hijos.”

“De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. ‘Todo esto te daré si te postras y me adoras’ (vs. 8-9)”. Ahora Jesús es llevado a un monte alto para que pueda ver el dominio de Satanás. Es bueno notar que la mayoría de las tentaciones de Satanás comienzan por la vista. Satanás quería que Jesús recibiera toda riqueza de la mano de Satanás por el camino de la gloria, en vez de recibir la gloria por el camino de la cruz. Como dice Matthew Henry, “Esto nos debe enseñar que nunca debemos aspirar a obtener, de manos de Satanás, lo que Dios nos ha prometido, aunque el plan de Dios para nosotros parezca menos placentero que el que nos ofrece el diablo.” Después el diablo quiere que Jesús lo adore (el diablo siempre está deseoso de que lo adoren), pero Cristo no soporta esta proposición y le dice “Vete.” Sabemos que el diablo lo deja, pero no para siempre. La Biblia dice que Jesús fue tentado en todo, así que podemos deducir que hubo muchas tentaciones después de esta.

Por eso, no te desanimes si eres tentado. Siéntete alegre de que Satanás te ve como una amenaza para sus planes malignos. Acuérdate de huir de las tentaciones, no te expongas. Pero si eres tentado, recuerda que en el mundo siempre habrá tribulaciones, pero Jesús ha vencido al mundo (Juan 16:33). Estudia la Palabra para que puedas batallar todo ataque del enemigo. Y recuerda que al diablo le gustan las medias verdades, así que no dejes que tus emociones dicten como ves al Señor. Recuerda que después de la tentación vencida, Dios mandará ángeles a servirte.