“Como hijos de un Dios soberano, nunca somos víctimas de nuestras circunstancias.”  Charles Stanley

Esta cita está pegada a una pizarrita que tengo en el trabajo. Y tengo que decir que en el día de hoy el leer y releer esta cita me ha ayudado a enfocarme más en Dios que en mis circunstancias. En estos últimos meses Mauricio, mi esposo, y yo hemos estado esperando en el Señor para que confirme ciertos anhelos que tenemos. Muchas de esas oraciones han sido contestadas con un “no,” dejándonos con una pregunta- “¿Qué hacemos ahora?” Mi batalla ha sido entre lo que mi mente sabe acerca de Dios y mis emociones. Las dos no se alinean en estos momentos. Me repito constantemente que Dios es bueno, bueno, bueno a pesar de mis circunstancias. Pero mis emociones se desesperan porque no veo alternativas a las diferentes oraciones que parecen haber resultado en “no” o “no es el momento.” La batalla ha sido fuerte y yo creo que una de las cosas más difíciles es controlar y renovar las emociones que te desesperan por verdades de lo bueno que es Dios. Creo que dentro de mi desesperación Dios me quería consolar con la historia de Job. Aunque nosotros sabemos por qué Job sufrió, él nunca se enteró. Lo único que sabe es que en un momento era rico y en otro momento lo perdió todo de una vez…y hasta su cuerpo se cubrió de llagas. Job también tuvo sus momentos de debilidad donde no entendía porque Dios estaba permitiendo tantas calamidades. Si Job se hubiese dejado llevar por sus emociones lo más probable le hubiese hecho caso a su esposa y hubiese maldecido a Dios. Pero Job tenía un entendimiento de que Dios es bueno y soberano. ¡Y por eso es bendito! Le pido a Dios que me ayude a mantenerme firme y adelante, revistiéndome de la armadura de Dios para poder batallar mis pensamientos y emociones que me quieren decir que Dios no es bueno. Porque Dios sí es bueno. Alma mía alaba a Jehová, no te olvides de sus beneficios, acuérdate de dónde te sacó (Salmo 103).

Salmos 19

Ayer y hoy estuve meditando en el Salmo 19. David empieza exaltando a Dios por la creación y después exalta a Dios por su palabra. El versículo 7-14 dice así,

La ley del Señor es perfecta:
infunde nuevo aliento.
El mandato del Señor es digno de confianza:
da sabiduría al sencillo.
Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro:
permanece para siempre.
Las sentencias del Señor son verdaderas:
todas ellas son justas.
Son más deseables que el oro,
más que mucho oro refinado;
son más dulces que la miel,
la miel que destila del panal.
Por ellas queda advertido tu siervo;
quien las obedece recibe una gran recompensa.

Las líneas ennegrecidas me encantaron. Es una forma de describir la línea que está anterior a esa. Por ejemplo, “la ley del Señor es perfecta.” ¿Por qué? Infunde nuevo aliento. “El mandato del Señor es digno de confianza.” ¿Por qué? Da sabiduría al sencillo. David no se conforma con sólo decir una verdad, si no que la aplica a nuestra vida. La Palabra de Dios infunde aliento, da sabiduría al sencillo, trae alegría al corazón, permanece para siempre, es justa, es mejor que el oro refinando, es tan dulce como la miel que sale directamente del panal; y por último, quién la obedece recibe una GRAN recompensa. WOW!!!  Creo que no hay mejor manera de terminar esta gran verdad que pedirle a Dios lo mismo que le pidió David:

¿Quién está consciente de sus propios errores?
¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!
Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas;
no permitas que tales pecados me dominen.
Así estaré libre de culpa
y de multiplicar mis pecados.
Sean, pues, aceptables ante ti
mis palabras y mis pensamientos,
oh Señor, roca mía y redentor mío.

¡¡Amén!!

Una vida de oración

Si no han leído el libro, A Praying Life, ¡se los recomiendo! Este libro está poco a poco transformando la manera en que yo veo la oración. Y lo más interesante es que me lo recomendaron hace 5 meses y yo no lo había querido leer porque estaba leyendo otras cosas. Pero la verdad es que ha llegado a mi vida en el tiempo preciso. Así que, ¡gracias Dios!

Una de las cosas más interesantes que el autor dice es que la oración causa que cosas misteriosas ocurran a nuestro alrededor (¡no se asusten, no estamos hablando de misticismo! ¡Ja!). Por ejemplo, el autor cuenta que él y su esposa estuvieron orando para que su hija autista pudiese hablar. Y cuando la niña cumplió 5 años, una compañía sacó la primera computadora del habla, la Pathfinder. Esa computadora llegó justo a tiempo para que la niña la pudiese usar y pudiese hablar a través de ella. ¡La oración fue escuchada y contestada! Pero hay personas que quizás dicen, “la computadora se hubiese inventado independientemente de la oración de estas personas.” Muchas veces nosotros actuamos de la misma forma. Oramos para que Dios haga algo y cuando pasa, nos decimos a nosotros mismos, “eso hubiese pasado de todos modos.” Y minimizamos la oración y tratamos de explicar todas las cosas por medios humanos. Pero la realidad es que la oración es poderosa y hasta misteriosa, porque mientras nosotros oramos, sabemos que Jesús intercede para y con nosotros. ¡Dios nos toma en cuenta y se deleita en escuchar nuestras oraciones!

La próxima vez que ores por algo y Dios conceda esa petición, mira hacia atrás y recuerda la gran misericordia que Dios tuvo contigo mientras le pedías. Eso te ayudará a ver la necesidad que tienes por Dios (crea humildad) y te abrirá los ojos a ver que Dios está activo en medio tuyo y que obra todas las cosas para el bien del cristiano (Romanos 8:28).

“Me pregunto: ‘¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?’” ~Salmo 8:4

Un Salmo

Estos pasados días he estado estudiando el libro de los Salmos. Algo que me llama la atención es como el salmista primero expone su caso ante Dios, expresa las dudas o el dolor que siente, pero siempre termina renovando su mente al decirse a si mismo que Dios es fiel y que viene al rescate de aquellos que lo necesitan.

En el día de ayer yo estaba pasando por un momento un poco difícil y sentía que mi mente me hacía preguntas acerca de la fidelidad y el amor de Dios hacia mí. Y Dios, que siempre está cerca de los que le temen y lo aman, me regaló el siguiente escrito que es como un Salmo. ¡Espero que sea de bendición!

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O Dios, tú eres mi Dios
Mi alma te busca.
Sediento está mi ser por más de ti.
Muchos son los enemigos que me acechan.
Muchas son las lanzas de desconfianza que vienen hacia mí.
Muchos son los dardos de amargura que quieren consumir mi ser.
La mente me pregunta, ¿en dónde está tu Dios?
Las emociones me traicionan y me dicen, ¿por qué no cuida Dios de ti?
Pero yo me alegraré en tus palabras.
Tu diestra me sostiene y tu vara y tu callado me dan paz.
Danzaré delante de mis enemigos.
Porque gozo da el Señor a los que le buscan.
Y es aliento para el necesitado.

Selah.