Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!

IMG_2287Hace mucho tiempo que no escribo en este blog. ¡Me da tanta pena porque me gustaría poder escribir algo todos los días! La realidad es que Dios nos da misericordias nuevas cada mañana (Lamentaciones 3:23) y es hermoso poder hablar de las obras de Dios (Salmo 89:1).

Últimamente, Dios me ha estado ministrando a través de Filipenses 4:4-7 que dice,

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!  Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Creo que muchas veces tomamos estos cuatro versículos y los usamos unos aislados de los otros. Nos acordamos del “Alégrense” cuando estamos tristes. Nos decimos que no “nos inquietemos por nada” y  que “oremos en todo momento” cuando tenemos una petición delante del Señor. Y nos recordamos de la “paz” del Señor cuando estamos en momentos de decisiones difíciles para darnos aliento. Y aunque en todas estas ocasiones, estamos usando los versículos correctamente, creo que podemos encontrar un pasaje más poderoso cuando combinamos los cuatro versículos, tal como los escribió Pablo.

Primero, Pablo nos exhorta a alegrarnos. Recuerden que la carta de los Filipenses es conocida como la carta del gozo. Y lo más increíble es que Pablo la escribió cuando estuvo encarcelado. Así que si alguien conocía el gozo en medio de circunstancias difíciles, era Pablo. Después que nos exhorta a alegrarnos, nos dice que nuestra amabilidad sea evidente a todos. En otras palabras, que en medio de nuestras circunstancias podamos reflejar el gozo del Señor para ser testimonio vivo de Cristo. Esto lo sostiene cuando dice, “el Señor está cerca”. El Señor sí está cerca. Eso lo podemos ver al mirar los eventos de este mundo. Cada día estamos más cerca a la venida del Señor. Si tenemos presente que la venida de Cristo está cerca, ¿por qué afanarnos? Si tú supieras que Cristo viene mañana, ¿te preocuparías tanto por las circunstancias de la vida? Creo que Pablo pone cosas en perspectiva. Y por eso lo sostiene con, “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” No nos afanemos porque Dios está cerca, presente, viene pronto, no me deja solo. Pero en medio de mi espera, puedo orar vehementemente mientras que le doy gracias a Dios independientemente de los resultados de mi oración. Y cuando oro de esta forma, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará de mi corazón y mis pensamientos. En otras palabras, ALEGRIA + ORACION + GRACIAS = PAZ. Y esa paz me acompañará hasta que venga Cristo…sea mañana, en un año o en 50 años. La promesa de que está cerca es tan verdadera hoy como lo será mañana. Por esa razón, ¡me regocijo!  ¡Amén!

¡Votemos por la familia!

Este año fue la primera vez que voté en los Estados Unidos. Estoy muy contenta de haber nacido en una nación que me permite votar. Por esa razón, exhorto a todos los que puedan a que ejerzan su derecho al voto. Pero más que nada, que voten por los valores y la moral. Nuestras familias están siendo atacadas por muchos lados, así que no permitamos que otras personas definan lo que debe ser la familia. Oremos por nuestros líderes para que Dios los toque y se les revele de una manera especial.

Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos,  especialmente por los gobernantesy por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador.”
~1 Tim 2:1-3

 

“Como hijos de un Dios soberano, nunca somos víctimas de nuestras circunstancias.”  Charles Stanley

Esta cita está pegada a una pizarrita que tengo en el trabajo. Y tengo que decir que en el día de hoy el leer y releer esta cita me ha ayudado a enfocarme más en Dios que en mis circunstancias. En estos últimos meses Mauricio, mi esposo, y yo hemos estado esperando en el Señor para que confirme ciertos anhelos que tenemos. Muchas de esas oraciones han sido contestadas con un “no,” dejándonos con una pregunta- “¿Qué hacemos ahora?” Mi batalla ha sido entre lo que mi mente sabe acerca de Dios y mis emociones. Las dos no se alinean en estos momentos. Me repito constantemente que Dios es bueno, bueno, bueno a pesar de mis circunstancias. Pero mis emociones se desesperan porque no veo alternativas a las diferentes oraciones que parecen haber resultado en “no” o “no es el momento.” La batalla ha sido fuerte y yo creo que una de las cosas más difíciles es controlar y renovar las emociones que te desesperan por verdades de lo bueno que es Dios. Creo que dentro de mi desesperación Dios me quería consolar con la historia de Job. Aunque nosotros sabemos por qué Job sufrió, él nunca se enteró. Lo único que sabe es que en un momento era rico y en otro momento lo perdió todo de una vez…y hasta su cuerpo se cubrió de llagas. Job también tuvo sus momentos de debilidad donde no entendía porque Dios estaba permitiendo tantas calamidades. Si Job se hubiese dejado llevar por sus emociones lo más probable le hubiese hecho caso a su esposa y hubiese maldecido a Dios. Pero Job tenía un entendimiento de que Dios es bueno y soberano. ¡Y por eso es bendito! Le pido a Dios que me ayude a mantenerme firme y adelante, revistiéndome de la armadura de Dios para poder batallar mis pensamientos y emociones que me quieren decir que Dios no es bueno. Porque Dios sí es bueno. Alma mía alaba a Jehová, no te olvides de sus beneficios, acuérdate de dónde te sacó (Salmo 103).

Sazonadas con gracia (como guardar nuestros corazones del chisme)

Si analizas tus pasadas conversaciones con amigos o familiares, ¿qué temas discuten con frecuencia? Quizás hablan del día, futuros planes, el trabajo, vacaciones, etc. Pero hay un tema que no puede faltar de nuestras conversaciones y eso es… ¡hablar de otras personas! Y no necesariamente son comentarios malos. Pueden ser comentarios acerca de los logros de una persona, o de la casa que se compraron o del trabajo nuevo. O pueden ser comentarios de lo mucho que aman al Señor. Pero, ¿cuándo sabemos que nuestros comentarios se convierten en chisme? Creo que Pablo nos dejó el siguiente versículo para advertirnos, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. (Colosenses 4:6)” Santiago también nos advirtió que “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí !cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. (Santiago 3:5-6). ¡Increíble! Pablo nos dice que nuestras palabras deben ser sazonadas con sal. Pero ¿qué significa esto? Bueno, vamos a leer las palabras de Jesús cuando habló de que el cristiano es la sal del mundo. Jesús dijo, “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. (Mateo 5:13)” Así también son nuestras palabras. Cuando ellas pierden su sazón, no sirven para nada y pueden convertirse en fuegos pequeños. ¡Las palabras insípidas no edifican a nadie! Entonces, ¿cómo nos podemos guardar del chisme? Primeramente, tenemos que pedirle a Dios que sane y transforme nuestros corazones. Mateo 12:34 dice que “de la abundancia del corazón, habla la boca.” Por eso tenemos que pedirle a Dios que nos transforme de adentro hacia afuera. Esto es un proceso día a día. Poco a poco practicamos a refrenar nuestra lengua y dejar que sea Dios el que se exprese a través de nuestras palabras. Que nuestra oración a Dios sea, “Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío. (Salmos 19:14).” ¿Esto significa que no fallaremos y que nunca vamos a chismear o hablar de otros? Para nada. Pero sabemos que Dios es nuestra Roca (fundamento, pronto auxilio) y Redentor (que nos hace de nuevo). Otra forma de guardarnos del chisme es alejándonos de personas que se deleitan en el chisme (Proverbios 20:19). 1 Corintios 15:33 nos advierte que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” ¿Esto significa que vamos a marginar a toda persona que sea chismosa? No. Sólo significa que tenemos que tener cuidado cuando hablamos con personas que les caracteriza el chisme. Y podemos tomar esas oportunidades para ser sinceros con esos amigos o familiares y decirles que no participaremos de dichas conversaciones. Recuerda que el chisme tiene onsecuencias. No sólo para la víctima del chisme, sino también para el que dice el chisme. Charles Stanley dice, “Aquellos que atacan el carácter de otro, pierden su propia integridad.” Cuando las personas te conocen como una persona que le gusta el chisme, te perjudicas porque puedes perder amistades  y buenas oportunidades porque las personas no confían en ti. También te privas de relaciones saludables. Y más que todo, el chisme lastima el cuerpo de Cristo (la iglesia). El cuerpo es uno, y el chisme puede destruir el “ojo” o la “pierna” del cuerpo, dejando al cuerpo ciego o inválido. También el chisme pierde de vista la Gran Comisión (Mateo 28:16-20), porque estamos tan ensimismados en hablar mal del otro, que no tenemos tiempo de evangelizar ni mostrar amor a los que no conocen a Cristo. Por eso te exhorto en este día que si tienes una tendencia a hablar mal de otros o a participar del chisme, aunque sea como oyente, que le pidas a Dios que te ayude y que transforme tu corazón. Pídele al Señor de que te ayude a vivir por su Palabra y que sean tus palabras llenas de alivio para el que lo necesita (Proverbios 12:18).

 

**Si quieres leer más acerca de las palabras y el tema de los chismes, puedes leer este artículo por Charles Stanley: http://www.intouch.org/magazine/content/topic/the_words_of_our_mouth

Instruye al niño

Los otros días asistí a una iglesia que iba a hacer un concierto. Mientras miraba a mí alrededor durante la adoración, me di cuenta de que había una niña en los hombros de su papá que miraba intensamente a las personas que estaban cantando en el altar. Esta niña tenía que tener sus 3 ó 4 años de edad. En una, cuando la miro nuevamente, me di cuenta que la niña tenía sus manos alzadas al cielo. Y después, su papá levantó sus manos al cielo y cuando lo hizo, su mano tocó el brazo alzado de su niña, y los dos estuvieron con sus manos alzadas un rato. Rápidamente me acordé del versículo en Proverbios 22 que dice, “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará (vs.3).” Quizás esa niña no estaba entendiendo lo que estaba pasando a su alrededor. Pero estoy segura que ese evento, más otras oportunidades que ella tendrá para alabar y escuchar la Palabra de Dios, bastarán para permanecer en su memoria y en su corazón para siempre. Proverbios nos dice que aunque el niño llegue a su vejez, no abandonará la instrucción bíblica que haya recibido en su niñez. Y aún si se fuese a apartar, la Palabra de Dios quedará grabada en su corazón y en su mente.  Isaías 55:11 dice, “así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo  y cumplirá con mis propósitos.” La Palabra de Dios no es vacía, ya que está llena de verdades para nuestra vida y de cómo debemos vivirla. La Palabra de Dios se cumple en cada uno de nosotros cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Por eso, a las personas que son padres, yo les diría que no se desanimen mientras instruyen a sus hijos. Sus esfuerzos no serán en vano. La razón por la cual sé esto es porque yo conozco el impacto que se crea en un niño cuando un padre lo lleva a la iglesia y  lo instruye en los caminos de Dios.  

Por esa razón, ya que se aproxima el día de las madres, quiero tomar esta oportunidad para honrar a mi mamá y papá (¡aunque es día de madres y no de padres, pero eso no importa!). Quiero darle las gracias porque tomaron de su tiempo para inculcar en nosotros un amor apasionado por Dios y por Su Palabra. Aunque son padres imperfectos, tomaron esas imperfecciones para enseñarnos que Dios restaura corazones, emociones y la persona completa. Les doy las gracias a ellos porque trataron de vivir una vida intachable, como la vivió Abraham y sé que tendrán sus grandes recompensas en el cielo.

¡Gracias mami y papi! ¡Los amo y admiro mucho!

¡Haz llover!

Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? ~Mateo 6: 26-30 

Los otros días estuve hablando con una amiga y estábamos hablando de nuestras estaciones favoritas. Ella me dijo que a ella le gustaba el otoño por los colores de las hojas y la brisa fría del invierno. Yo le dije que a mí me gustaba la primavera por el florecer de las flores y por la brisa calientita del verano. Ella exclamó que no le gustaba mucho la primavera porque llueve demasiado. No analicé mucho su comentario hasta por la noche a la hora de dormir. En mi cama, mientras contemplaba las razones de porqué estaba esperando con ansias la primavera, se me vino a la mente esta pregunta, “¿por qué llueve tanto en el mes de marzo (y abril)? ¿Por qué no llueve más en otros meses, como octubre o noviembre?” ¡Y obtuve mi contestación! Porque Dios sabía que las flores y los árboles iban a florecer durante los meses de marzo y abril y tenía que proveer por su sustento y crecimiento a través de la lluvia. ¡Qué grandioso e inteligente es Dios! Él hizo cada estación de una forma en particular para poder proveer para su creación, la naturaleza. Entonces se me vino a la mente, ¿cuánto más no provee Dios por nosotros? Muchas veces nos afanamos porque no vemos la contestación a ciertas peticiones o porque no podemos ver el resultado de algo que estamos esperando. Más Dios provee para cada estación de nuestra vida- sea que estamos en abundancia o escases, en angustias o alegrías. Muchas veces nos quejamos de la lluvia sobre la tierra porque estorba nuestras actividades o nuestro día pero no vemos que Dios está nutriendo a las flores y a los animales porque Él provee para ellos. De la misma forma, nos quejamos por las lluvias o tormentas en nuestra vida, y no nos damos cuenta que son estas lluvias (o tormentas) que son como un abono para nuestras vidas y producen crecimiento en nosotros. ¡No tenemos que ser personas de poca fe! Sólo fijémonos en el cuidado especial que Él tiene sobre la creación. Y veremos que Él proveerá para nosotros, porque valemos mucho más que las aves del cielo y que los lirios del valle. 

Así que Señor, ¡haz llover bendiciones sobre tu creación!