Mi primer amor

Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y se pasea en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles pero no lo son; y has descubierto que son falsos.Has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte. Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro. Pero tienes a tu favor que aborreces las prácticas de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
~Apocalipsis 2: 2-6

Este mensaje fue escrito por Juan y dirigido a la iglesia de Éfeso, por parte de Dios. Aunque el mensaje parece ser colectivo, en realidad es individual. La iglesia, como edificio, no es la que lleva el mensaje de Cristo. Son las personas dentro de la iglesia las que llevan el mensaje y las que componen el edificio. Por eso el mensaje de Dios está dirigido a nosotros, como individuales.

El mensaje comienza de una forma positiva, “conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia…no puedes soportar a los malvados…has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles…has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte…” ¡Increíble! ¡Qué carta de recomendación para la iglesia de Éfeso! En realidad, la iglesia poseía unas cualidades increíbles e indiscutibles, porque Dios mismo las había declarado. Es de imaginarse que Éfeso estaba compuesto de servidores, personas trabajadoras. Y en medio del trabajo, no desmayaban y no se cansaban de hacer el bien. Eran personas sabias en la Palabra…ponían a prueba toda enseñanza a la luz de las Escrituras y eran aptos para identificar a los falsos maestros.

Pero a pesar de todo lo que podían hacer, Dios dice, “sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor.” La iglesia de Éfeso tenía grandes cualidades más en medio de todo lo que hacían habían perdido la chispa, la devoción a su primer amor. ¿Cuántos de nosotros no caminamos de igual forma? Llegamos a los pies del Señor, sea por haber crecido en la iglesia o por necesidad o por enfermedad. Pero sabemos que de alguna forma llegamos. Y de momento tu corazón se llena de gran amor, de pasión, de fervor por la Palabra de Dios. Te levantas todas las mañanas consciente de que Dios te dio las fuerzas para salir de la cama. Te das cuenta que es Dios quién te proveyó alimento para el desayuno y antes de salir por la puerta le encomiendas tu día a Él porque sabes que el tiempo y la vida le pertenecen a Él. Comienzas a servir en la iglesia con gran entusiasmo. En el trabajo proclamas a Cristo y no te avergüenzas de
ser cristiano. Pero los quehaceres de la vida y las preocupaciones cotidianas comienzan a pesar y nuestra relación con Dios poco a poco se vuelve una rutina. Hacemos cosas para Él, estudiamos la Palabra, conocemos la doctrina pero olvidamos lo que es vivir una vida apegada a nuestro primer amor. Entonces obramos pero sin fe.

En reflexión, le pedí al Señor que me guardara de ser como la iglesia de Éfeso. Que yo no olvide a mi primer amor, que no deje de cantarle cánticos de alabanza, que no me olvide de decirle que le amo aunque esté trabajando en mis quehaceres. Que aprenda siempre a vivir una vida de adoración, dedicándole tiempo a mi relación con Dios y profundizando en mi entendimiento de las Escrituras. Que aprenda a amar a Dios en espíritu y verdad (Juan 4:24)…y todo lo demás, obras, sabiduría, perseverancia, será añadido como fruto de mi amor por Dios.

Que la iglesia de hoy día aprenda de lo que le pasó a la iglesia de Éfeso, que ahora queda en ruinas. Que Dios nunca tenga que “quitar de su lugar el candelabro” porque sin esto, no podremos ser la luz del mundo. Ayúdanos Señor a amarte a ti, a la iglesia y al mundo.

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Una vida rendida a Dios (Génesis 22)

Si alguien te pidiera hacer algo que tú no quieres hacer, ¿lo harías? ¿Qué tal si es algo bueno o hasta práctico, pero incómodo para ti? ¿Qué tal si Dios te mostrara un área de tu vida que tienes que rendirle a Él o una situación en donde Él quiere que actúes de cierta forma, lo harías? Un ejemplo de una vida rendida se puede leer en Génesis 22, el relato del sacrificio de Isaac. Es un relato muy famoso y muchas veces lo leemos rápidamente porque sabemos lo que va a ocurrir-Dios le pide a Abraham que sacrifique a Isaac, Abraham está a punto de hacerlo, de momento sale un ángel que lo detiene y ¡ya! Abraham e Isaac regresan a casa feliz de la vida. Pero si leemos la historia detenidamente, vemos que esta historia contiene mucho más que los eventos conocidos. Si miramos los detalles, podemos ver que Dios quería que Abraham rindiera algo preciado y quería que actúese sobre ello. La Biblia dice que “pasado cierto tiempo, Dios puso a prueba a Abraham (vs. 1).” Dios le dice en el versículo 2, “Toma a TU HIJO, el UNICO que tienes y al que TANTO AMAS, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré (énfasis del autor).” Miremos las características que Dios usa para describir a Isaac-“tu  hijo,” “el único que tienes,” y “al que tanto amas.” Dios sabía que Abraham amaba a Isaac. Y sabía que le estaba pidiendo que sacrificara a su único, preciado, tan esperado hijo. Ante esto, Abraham hace lo siguiente, “se levantó de madrugada y ensilló su asno (vs.3).” ¡Esto es increíble! Abraham no esperó hasta la tarde ni la noche. ¡No sólo obedeció a Dios sino que lo hizo temprano en la mañana! No dijo, “bueno esperemos hasta mañana o lo hago en una semana.” Abraham oyó y obedeció rápidamente. Ahora, no podemos ver a Abraham como un super hombre que no siente nada y actúa como un robot. Este era un hombre como cualquier otro, pero pienso que lo que lo diferenciaba a él de todos los demás hombres de su tiempo es que él amaba a Dios y a través de los años se había convertido en amigo de Dios. Y cuando nosotros tenemos un amigo, confiamos en él. El viaje al monte de Moria fue de tres días. ¡Tres días de agonía! Suficiente tiempo para que los pensamientos de Abraham lo volvieran loco, pensamientos de ira, de pena, de angustia y hasta pensamientos de duda hacia las promesas de Dios. Pero Abraham fue fiel y fue honrado por su fidelidad. Dios proveyó un cordero para el sacrificio e Isaac quedó a salvo.

Una vez escuché a un predicador decir que nuestra vida es como una casa con muchas puertas. Cada puerta dirige a un cuarto distinto donde guardamos de todo. El predicador decía que Dios quiere que le demos acceso a todos esos cuartos para que Él pueda actuar en nuestras vidas. Pero siempre hay un cuarto bajo llave donde guardamos muchas cosas y no queremos que Dios entre. El cuarto cerrado puede tener por nombre trabajo, futuro esposo/a, amigos, familiares, posesiones, estabilidad económica, etc. Le decimos, “Señor, te permito entrar a este cuarto para que trabajes en el área de mi trabajo, pero no te puedo dar acceso al cuarto de mis posesiones, porque ese cuarto es mío.” Lo que quiere mostrar esto es que muchas veces estamos dispuestos a rendir sólo ciertas partes de nuestra vida. Rendimos lo que no conlleva mucho sacrificio pero no queremos que Dios trabaje en otras áreas de nuestra vida. Vamos a pedirle a Dios que nos ayude a ser desprendidos de nuestra vida. Que le demos acceso a esas cosas que no queremos rendir porque tenemos miedo de perder el control o porque tenemos miedo de perder algo que preciamos. Que no tengamos miedo de abrirle las puertas de nuestra vida para que Él organice los desórdenes o que se deshaga de las cosas que están acumulando espacio en nuestras vidas. La prueba de Abraham era una muestra para Dios y para Abraham mismo de que el Señor tenía que tener el primer lugar. Cuando aprendemos a poner a Dios primero, viviremos unas vidas rendidas a Dios. Y unas vidas rendidas aprenden a vivir con una plena confianza en la soberanía de Dios aunque las circunstancias parezcan mostrar que Dios no está presente o que no está al control.

Sazonadas con gracia (como guardar nuestros corazones del chisme)

Si analizas tus pasadas conversaciones con amigos o familiares, ¿qué temas discuten con frecuencia? Quizás hablan del día, futuros planes, el trabajo, vacaciones, etc. Pero hay un tema que no puede faltar de nuestras conversaciones y eso es… ¡hablar de otras personas! Y no necesariamente son comentarios malos. Pueden ser comentarios acerca de los logros de una persona, o de la casa que se compraron o del trabajo nuevo. O pueden ser comentarios de lo mucho que aman al Señor. Pero, ¿cuándo sabemos que nuestros comentarios se convierten en chisme? Creo que Pablo nos dejó el siguiente versículo para advertirnos, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. (Colosenses 4:6)” Santiago también nos advirtió que “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí !cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. (Santiago 3:5-6). ¡Increíble! Pablo nos dice que nuestras palabras deben ser sazonadas con sal. Pero ¿qué significa esto? Bueno, vamos a leer las palabras de Jesús cuando habló de que el cristiano es la sal del mundo. Jesús dijo, “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. (Mateo 5:13)” Así también son nuestras palabras. Cuando ellas pierden su sazón, no sirven para nada y pueden convertirse en fuegos pequeños. ¡Las palabras insípidas no edifican a nadie! Entonces, ¿cómo nos podemos guardar del chisme? Primeramente, tenemos que pedirle a Dios que sane y transforme nuestros corazones. Mateo 12:34 dice que “de la abundancia del corazón, habla la boca.” Por eso tenemos que pedirle a Dios que nos transforme de adentro hacia afuera. Esto es un proceso día a día. Poco a poco practicamos a refrenar nuestra lengua y dejar que sea Dios el que se exprese a través de nuestras palabras. Que nuestra oración a Dios sea, “Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío. (Salmos 19:14).” ¿Esto significa que no fallaremos y que nunca vamos a chismear o hablar de otros? Para nada. Pero sabemos que Dios es nuestra Roca (fundamento, pronto auxilio) y Redentor (que nos hace de nuevo). Otra forma de guardarnos del chisme es alejándonos de personas que se deleitan en el chisme (Proverbios 20:19). 1 Corintios 15:33 nos advierte que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” ¿Esto significa que vamos a marginar a toda persona que sea chismosa? No. Sólo significa que tenemos que tener cuidado cuando hablamos con personas que les caracteriza el chisme. Y podemos tomar esas oportunidades para ser sinceros con esos amigos o familiares y decirles que no participaremos de dichas conversaciones. Recuerda que el chisme tiene onsecuencias. No sólo para la víctima del chisme, sino también para el que dice el chisme. Charles Stanley dice, “Aquellos que atacan el carácter de otro, pierden su propia integridad.” Cuando las personas te conocen como una persona que le gusta el chisme, te perjudicas porque puedes perder amistades  y buenas oportunidades porque las personas no confían en ti. También te privas de relaciones saludables. Y más que todo, el chisme lastima el cuerpo de Cristo (la iglesia). El cuerpo es uno, y el chisme puede destruir el “ojo” o la “pierna” del cuerpo, dejando al cuerpo ciego o inválido. También el chisme pierde de vista la Gran Comisión (Mateo 28:16-20), porque estamos tan ensimismados en hablar mal del otro, que no tenemos tiempo de evangelizar ni mostrar amor a los que no conocen a Cristo. Por eso te exhorto en este día que si tienes una tendencia a hablar mal de otros o a participar del chisme, aunque sea como oyente, que le pidas a Dios que te ayude y que transforme tu corazón. Pídele al Señor de que te ayude a vivir por su Palabra y que sean tus palabras llenas de alivio para el que lo necesita (Proverbios 12:18).

 

**Si quieres leer más acerca de las palabras y el tema de los chismes, puedes leer este artículo por Charles Stanley: http://www.intouch.org/magazine/content/topic/the_words_of_our_mouth