Por eso es necesario

“Por eso es necesario que
prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo.”

Hebreos 2:1

Quería compartir este versículo contigo. Desde que lo leí hoy, no ha dejado de impactarme.

En el capítulo 1 de Hebreos, el autor menciona las formas en que hemos escuchado la voz de Dios. Que han sido a través de los profetas y de Jesucristo. Y después comienza a dar testimonio de Jesucristo y de cómo todas las cosas se sostienen por su Palabra. De ese contexto fluye el capítulo 2, versículo 1 que nos dice “por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo.” ¿Es necesario que prestemos atención a qué? ¿Y para qué debemos prestar atención, cuál es el resultado? Para contestar las preguntas de una forma simple, es importante que le prestemos atención a lo que hemos oído- a la Palabra de Dios que fue hablada por los profetas antes de Cristo y por el mismo Jesucristo. Para eso tenemos la Biblia, la Palabra de Dios, la única fuente de verdad. Si prestamos atención a esta Palabra, no perderemos el rumbo de donde debemos caminar y a donde nos debemos dirigir.

Este versículo me abrió tanto los ojos. Oro de que Dios nos ayude a mantenernos siempre alertas porque es tan fácil olvidar la Palabra- olvidar la VERDAD. Es fácil olvidar el testimonio de Cristo, no sólo su sacrificio, pero sus palabras de amor, amistad, fidelidad, amonestación, enseñanza, etc. Cuando perdemos de perspectiva la verdad, perdemos el rumbo. Es como perder un mapa mientras viajas por la carretera. Si no tienes algo que te guíe, perderás el rumbo y terminarás en otro lugar, en otra destinación. Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Si no la tenemos presente en nuestra vidas, perderemos el rumbo, el camino y los propósitos por donde él quiere que caminemos.” Oro que podamos hacer como nos exhorta Moisés “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.” (Deut 6:4-9)

Sólo quería compartir esto contigo. Para que analicemos la Palabra y le pidamos ayuda a Dios para que no olvidemos lo que hemos oído y para que nunca perdamos el rumbo. Y si algún día perdiésemos el rumbo, que Dios nos traiga a la memoria Hebreos 2:1, para que prestemos más atención a lo que hemos oído.

La oración de un justo (Génesis 18)

La historia de Génesis 18 comienza con la visita personal del Señor a Abraham. Esta no era una visita corriente, ya que esta vez Dios visitó a Abraham con apariencia de hombre. Abraham reconoce a Dios y a sus acompañantes y corrió hacia ellos, mientras que los invitó a comer y a descansar un rato. Aquí se ve la disposición de Abraham de ser un siervo. Le sirvió de comer a sus visitantes y estuvo pendiente de que tuvieran todo lo que necesitaban. La Biblia nos dice que  “Abraham se quedó de pie junto a ellos, debajo del árbol.” ¡Yo creo que yo estaría igual! No podría moverme al tener al Señor frente a mí. El Señor toma esta oportunidad para revelarle a Abraham sus planes acerca de la ciudad de Sodoma. La Biblia nos cuenta que el pecado de Sodoma era gravísimo y por esa razón Dios iba a exterminar la ciudad. Esta conversación es lo que más me impactó. El Señor, Dios del universo, Omnisciente e Omnipotente, comparte sus planes con un ser humano. La relación entre Dios y Abraham era tan cercana, eran amigos (Santiago 2:23), y Dios no quiso ocultarle a Abraham sus planes acerca de Sodoma. Dios quería que alguien intercediere por los sodomitas (Isaías 59:16). Así que Abraham se acerca con seguridad de fe e intercede por los sodomitas y le pide a Dios que salvara a los justos que quedaran en ese lugar. Es increíble de la forma en que Dios nos permite acercarnos al trono de la gracia (Hebreos 4:16).   Esto nos debe llenar de un humilde asombro. Como dice el Salmo 8:4, “¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?” ¡Dios escucha nuestras oraciones y se place en ellas! Y lo mejor de todo es que Dios no se indigna por las oraciones de los justos. Al contrario, se complace con la oración de los justos (Proverbios 15:8). Cuando Abraham intercedió por los justos en Sodoma, se estaba refiriendo a su sobrino, Lot. Y Dios escuchó su oración y le salva la vida a Lot. Por esa razón, no dejes de interceder por tus familiares o amigos o aún las personas que no conoces. No dejes de orar por su salvación o para que Dios los guíe y los proteja o para que perseveren en la fe. Muchas veces nos desanimamos cuando sentimos que nuestras oraciones no se están cumpliendo en nuestros seres queridos. Pero recuerda que el tiempo de Dios es perfecto y nosotros sólo podemos ver lo que está delante de nuestros ojos, pero Dios ve todo en su totalidad. Dios quiere que intercedamos por aquellos que no lo conocen y por los que están perdidos. Así que la próxima vez que sientas que tus oraciones no están siendo contestadas, recuerda la forma en que Abraham dialogó con Dios para que les salvase la vida a los pocos justos que quedaban en Sodoma. Y lo mejor de todo es que Dios lo escuchó, no se indignó con su oración y en el momento preciso, le contestó su petición. ¡Gracias Dios porque te complaces en las oraciones de tus hijos! ¡Ayúdanos a servirte constantemente y a estar prestos para interceder por otras personas, y por nosotros mismos, mientras creemos y esperamos de que actuarás en el momento preciso!

Muchas son las angustias…

Estas pasadas semanas me he dado cuenta que la Biblia es bien clara cuando habla de vivir cada día a la vez. Creo que como seres humanos estamos tan distraídos por los afanes de la vida, que nos enfocamos en lo que no hicimos o en lo que deberíamos hacer. Vivimos unas vidas angustiadas por el pasado o por lo porvenir. Y los cristianos, no estamos exentos de estas cosas. Personalmente, esta semana me di cuenta de las muchas angustias y frustraciones que se estaban acumulando en mi corazón. Me decía a mí misma, “si sólo hubiese hecho esto… estaría…” O decía, “si sólo tomo acción en este aspecto…quizás resulta esta otra cosa.” Y era un ciclo tan vicioso que mientras más preguntas me hacía, más quedaba ensimismada en mi angustia. Mientras corrían estas preguntas por mi mente, Dios puso en mi camino otra persona que también estaba pasando por un momento de ansiedad. Ella estaba ansiosa por las cosas “de lo porvenir.” Y ella me pidió que orara con ella. En mi corazón decía, ¿cómo puedo yo orar por alguien en este aspecto, cuando yo estoy pasando por lo mismo? ¡Es como si una ciega estuviese orando por otra ciega! Pero Dios me trajo a la mente Mateo 6:34 que dice, “Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” Más tarde, me encontré con otra persona que tenía la misma ansiedad pero la raíz de su ansiedad estaba en el pasado. Ella se preguntaba cómo hubiese sido su vida si ella hubiese tomado otro camino cuando tuvo la oportunidad. Dios me puso en el corazón, Isaías 43:18 que dice, “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado.” Y ahí fue cuando me di cuenta que Dios nos dice que olvidemos “las cosas de ataño” y que no nos angustiemos “por el mañana.” Dios quiere que vivamos un día a la vez. Nuestro soberano, omnisciente Dios nos está advirtiendo de que cuando vivimos en el pasado o en el futuro nos encadenamos a los remordimientos o a la ansiedad.  Estos dos males causan que nos concentremos en nosotros y perdamos la vista de Dios. Filipenses 4:6-7 dice, “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Pablo nos advierte de que no nos inquietemos por nada, sino que presentemos nuestras peticiones a Dios y que aprendamos a dar “gracias.” Entiendo que Pablo lo que quería decir es que aprendemos a dar gracias por lo que está ocurriendo en el día de hoy (y también por todo lo que nos ha pasado o lo que está por ocurrir). Le damos gracias por lo que hicimos o no hicimos en el pasado y le damos gracias por lo que Dios nos ha dado o no nos ha dado, porque al fin de cuentas Dios sigue siendo soberano sobre todo. Cuando aprendamos a vivir el día de hoy, viviremos en una paz “que sobrepasa todo entendimiento”. La realidad es que es mucho más fácil mirar nuestras circunstancias y afanarnos pero la Biblia nos dice, “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas (Salmo 34:19)”. Así que si vives encadenado por el pasado o el futuro, acuérdate de que Dios no se sorprende, no se angustia y ninguna circunstancia lo sacará de Su trono. Al contrario, ¡Dios te llevará a pastos verdes mientras más confíes en Él!

Instruye al niño

Los otros días asistí a una iglesia que iba a hacer un concierto. Mientras miraba a mí alrededor durante la adoración, me di cuenta de que había una niña en los hombros de su papá que miraba intensamente a las personas que estaban cantando en el altar. Esta niña tenía que tener sus 3 ó 4 años de edad. En una, cuando la miro nuevamente, me di cuenta que la niña tenía sus manos alzadas al cielo. Y después, su papá levantó sus manos al cielo y cuando lo hizo, su mano tocó el brazo alzado de su niña, y los dos estuvieron con sus manos alzadas un rato. Rápidamente me acordé del versículo en Proverbios 22 que dice, “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará (vs.3).” Quizás esa niña no estaba entendiendo lo que estaba pasando a su alrededor. Pero estoy segura que ese evento, más otras oportunidades que ella tendrá para alabar y escuchar la Palabra de Dios, bastarán para permanecer en su memoria y en su corazón para siempre. Proverbios nos dice que aunque el niño llegue a su vejez, no abandonará la instrucción bíblica que haya recibido en su niñez. Y aún si se fuese a apartar, la Palabra de Dios quedará grabada en su corazón y en su mente.  Isaías 55:11 dice, “así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo  y cumplirá con mis propósitos.” La Palabra de Dios no es vacía, ya que está llena de verdades para nuestra vida y de cómo debemos vivirla. La Palabra de Dios se cumple en cada uno de nosotros cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Por eso, a las personas que son padres, yo les diría que no se desanimen mientras instruyen a sus hijos. Sus esfuerzos no serán en vano. La razón por la cual sé esto es porque yo conozco el impacto que se crea en un niño cuando un padre lo lleva a la iglesia y  lo instruye en los caminos de Dios.  

Por esa razón, ya que se aproxima el día de las madres, quiero tomar esta oportunidad para honrar a mi mamá y papá (¡aunque es día de madres y no de padres, pero eso no importa!). Quiero darle las gracias porque tomaron de su tiempo para inculcar en nosotros un amor apasionado por Dios y por Su Palabra. Aunque son padres imperfectos, tomaron esas imperfecciones para enseñarnos que Dios restaura corazones, emociones y la persona completa. Les doy las gracias a ellos porque trataron de vivir una vida intachable, como la vivió Abraham y sé que tendrán sus grandes recompensas en el cielo.

¡Gracias mami y papi! ¡Los amo y admiro mucho!