Vive en mi presencia y sé intachable (Génesis 17)

Dios visitó a Abram cuando Ismael tenía 13 años. En esta visita vemos que Dios nuevamente establece su pacto con Abram a través de la circuncisión y también les cambia el nombre a Abram y Sarai a Abraham y Sara, que significan “padre de muchedumbre” y “princesa,” respectivamente. Durante este encuentro le promete un hijo y le reafirma que bendecirá a Ismael también. Pero más que nada, este encuentro tuvo un impactoen mi vida porque cuando Dios se le presenta a Abram, se presenta como el Dios Todopoderoso y demanda dos cosas de Abram.

Cuando Dios se le aparece a Abram, vemos que este respondió postrándose “rostro en tierra,” en señal de sumisión, consciente de que era un ser indigno al estar en la presencia de Dios. Dios le dice, “Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera.” Varias cosas a notar. Dios le estaba diciendo a Abram que Él era “El Shadday” o el “Dios Todopoderoso.” En otras palabras, Él todo lo puede y nada es imposible para Él. Él podía hacer que la matriz de Sarai rindiera fruto y podía hacer una nación grande de un hombre envejecido. Pero esta promesa viene con una demanda. Dios le dice- “vive en mi presencia y sé intachable.” Estos son principios básicos para nuestra vida. Vivir en la presencia de Dios significa tener una dulce comunión con Dios, adorándolo en todos los aspectos de nuestra vida. Sea en la iglesia, con nuestra familia o amistades, o simplemente en nuestros pensamientos y acciones. Vivir en la presencia de Dios es saber que no nos podemos apartar de su presencia. A donde vayamos, él estará ahí (Salmo 139:7). Vivir en su presencia es dejar que Dios nos moldee y que examine nuestros corazones para ver si vamos por el camino correcto (Salmo 139:23-24). También es desear lo que deseaba el salmista, “Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos (Salmo 84:10). El salmista decía que él prefería mejor cuidar la entrada de la casa de Dios (que era ejercer el oficio más bajo de los levitas) que vivir en iniquidad. Como lo explica Matthew Henry, “Prefiero ser portero en la casa de Dios antes que príncipe en lugares donde reina la maldad; antes permanecer en el umbral del templo, como un mendigo, que en un palacio como un potentado.” Vivir en la presencia de Dios produce en nosotros una vida intachable. Produce una vida que se deja ser examinada por la mirada del Señor y se deja moldear por el alfarero (Isaías 29:16). Y cuando dejamos que Dios nos moldee también podremos conocer la voluntad agradable y perfecta de Dios (Romanos 12:1-2)

Creo que podemos meditar en estos próximos versículos y pedirle a Dios que nos permita vivir siempre en su presencia y que produzca en nosotros una vida intachable.

  7 ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
8 Si subiera al cielo,
allí estás tú;
si tendiera mi lecho en el fondo del *abismo,
también estás allí.
9 Si me elevara sobre las alas del alba,
o me estableciera en los extremos del mar,
10 aun allí tu mano me guiaría,
¡me sostendría tu mano derecha!

   11 Y si dijera: «Que me oculten las tinieblas;
que la luz se haga noche en torno mío»,
12 ni las tinieblas serían oscuras para ti,
y aun la noche sería clara como el día.
¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!

   23 Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
24 Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno.

 ~Salmo 139: 8-12; 23-24

Caminando por el desierto (Génesis 16)

¡Qué doloroso el relato de Génesis 16, pero que grandes enseñanzas hay en él! Primeramente, vemos que Sarai, al no poder tener hijos le propuso a Abram el acostarse con Agar para poder tener hijos a través de ella. Quizás Abram aceptó porque aunque Dios le había dicho que iba a tener un hijo, no le había revelado que sería a través de Sarai. Hubiese sido mejor el que consultasen a Dios primero, ya que Dios acostumbraba a visitarles y hablarles constantemente.

Cuando Agar se dio cuenta que estaba embarazada, miró con desprecio a Sarai. Por eso Sarai se quejó ante Abram y este le dice que hiciera con Agar lo que ella quisiera. En el versículo 6 vemos que Agar termina en el desierto y se encuentra con el Señor.

¿Señor, que me estás tratando de decir o cómo puedo aplicar esto a mi vida?  

Vamos a analizar a las dos mujeres- Sarai y Agar.

Sarai– Dentro de su frustración, tomó una decisión basada en la emoción. Sabemos que fue en la emoción porque no pidió consejo (ni de Dios ni de Abram) y las consecuencias fueron inmediatas. Tuvo que echar a Agar de su casa porque ésta la miró con desprecio. ¡Cuántas veces no hemos hecho lo mismo que Sarai! Tomamos decisiones drásticas sin pensar ni buscar consejo y hasta (muchas veces) arrastramos a otros en nuestro pecado. Pero Dios es tan misericordioso y se compadece tanto de nosotros, que “no nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades. (Salmo 103:10)”  Y vemos Su misericordia con Sarai y Abram en que a pesar de su mala decisión, le concedió un hijo que fuese de los dos.

Agar– Aunque tenía posición de esclava, dejó que la noticia de su embarazo la llenara de orgullo y de alteza al compararse con Sarai. Por eso, Dios permitió que Agar pasara por el desierto para quebrantar su orgullo. Tenemos que admitir que en el desierto, estamos más dispuestos a escuchar la voz de Dios porque es cuando más lo necesitamos (Oseas 2:14). En el desierto Dios habla con Agar. Empieza por recordarle a Agar su lugar en la casa de Abram y Sarai. Le dice, “sierva de Sarai.” Interesante que dijera esto, ya que Agar se había convertido en mujer de Abram al acostarse con él. Pero Dios le recalca a Agar su posición, y le dice “sierva” porque ella era la sierva de Sarai, no la señora de Abram. Después le hace dos preguntas. “¿De dónde vienes?” y “¿a dónde vas?”. La primera pregunta quiere decir ¿de qué lugar has venido y que deber has abandonado? La segunda pregunta le abre los ojos para darse cuenta de que se estaba exponiendo a muchos peligros en el desierto y que al estar huyendo hacia Egipto, estaba encaminándose hacia el pecado. Estas preguntas llevaban a una conclusión, que fuese sumisa a Sarai y regresara a sus responsabilidades.

¿No te ha pasado que muchas veces piensas que mereces más de lo que tienes y no es hasta que ocurre un problema (desierto) en tu vida que Dios te hace preguntas claves para quebrantar tu orgullo o mostrarte algo de tu persona que él quiere que vayas cambiando con Su ayuda? Creo que cuando nos encontramos en un desierto nos podemos hacer estas preguntas claves, “¿de dónde vienes?”. Básicamente, ¿cuál es la situación que me ha traído al desierto? Muchas veces llegamos al desierto porque tomamos decisiones incorrectas o porque simplemente Dios quiere purificar algo en nosotros y hacernos más como El. Si somos nosotros los que hemos tomado las decisiones incorrectas, se nos va a hacer claro qué fue lo que hicimos mal. La otra pregunta es, “¿a dónde vas?” En otras palabras, ¿Qué voy a hacer con este proceso de aprendizaje (o desierto)? ¿Voy a pedir perdón, levantarme con la ayuda de Dios y seguir buscando la voluntad de Dios o voy a escoger el pecado y dejar que mis emociones me alejen de la voluntad de Dios? Aunque te hayas descarriado y alejado de los pasos de Dios o si estás teniendo problemas siendo fiel en tus responsabilidades, no te desanimes. Recuerda que el amor de Dios no cambió hacia Abram y Sarai porque pecaron. Tampoco hubo menos gracia para Agar porque ella corrió de sus responsabilidades. Al contrario, Dios restaura los corazones quebrantados y renueva un espíritu nuevo dentro de nosotros. Así que pon tu confianza en Dios diariamente y recuerda que los desiertos son momentos de aprendizaje que no durarán para siempre.