Sólo dos cosas te pido

El nuevo CD de Sovereign Grace Music en español.

Las primeras interacciones de Mauricio, mi esposo, y yo fueron en un restaurante llamado La Tasca.  Mis amistades de la iglesia me invitaron a este lugar y para mi sorpresa me enteré de que Mauricio era músico y que tocaba música latina en varios restaurantes. A Mauricio le iba muy bien en la música. A él lo invitaban a programas radiales y de televisión, anunciaban su banda en el periódico y llegaron a invitarlo a abrir conciertos de cantantes reconocidos en el mundo hispano secular. A los ojos del mundo, Mauricio era una persona que iba en rumbo a la fama. Yo me acuerdo que en nuestra primera cita asolas, como amigos, yo le pregunté a Mauricio que a qué era lo que él aspiraba en cuanto a su futuro trabajo y qué se veía haciendo de aquí a un par de años. Su respuesta en ese entonces fue, “Yo quiero ser famoso y que mi música sea conocida por el mundo.” Pero lo que no sabía Mauricio en ese entonces  era que Dios tenía otros planes para él. Mauricio ya llevaba un tiempo en el evangelio pero sus aspiraciones eran centradas en sí mismo y no estaba tomando en cuenta como estas aspiraciones podrían afectar su vida espiritual. ¿Es malo querer ser reconocido, tener fama o tener dinero? Vamos a ver lo que dijo el rey más rico de la Biblia, Salomón.   “Sólo dos cosas te pido, Señor; no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas sino sólo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: ‘¿Y quién es el Señor?’ Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios(Proverbios 30:7-9). Cuando Salomón se hizo rey, Dios le dijo que pidiera lo que quisiera  porque se lo iba a conceder. Salomón tuvo la oportunidad de pedir riquezas, un gran reino, gloria y hasta la vida de sus enemigos. Pero en vez de pedir todas estas cosas, Salomón pidió sabiduría. Por pedir esto, Dios le dijo que no solamente le daría sabiduría pero que le daría también “RIQUEZAS y GLORIA, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días (1 Reyes 3:13). Entonces vemos que para Dios lo más importante no es la fama, el dinero o el reconocimiento, sino un corazón limpio y puro que desee sobre todas las cosas conocer a Dios más, sin tener estas otras cosas que lo distraigan de Dios. Yo creo que todos, y me incluyo en esto, le pedimos a Dios que nos dé más y más y muchas veces no tomamos en cuenta lo que lo “mucho” puede causar en nuestra vida espiritual. Lo “mucho” resulta en que nos olvidemos de quién es Dios y lo vamos perdiendo de perspectiva. Lo interesante es que el mundo nos lleva a aspirar la fama, el dinero y el reconocimiento. Pero Dios quiere para nosotros todo lo contrario. Que Dios nos ayude a caminar en sencillez y en humildad, estimando como poco lo que este mundo nos quiere ofrecer.

¡Oh! Por si tienen alguna curiosidad de lo que pasó con la vida de Mauricio, ¡pues les puedo decir que Dios ha sido más que fiel con él y conmigo! Dios cambió la vida de Mauricio por completo. Después que Mauricio fue alejándose de la música secular y fue involucrándose en la música cristiana, tuvo muchas oportunidades para volver atrás. A él lo seguían llamando de diferentes lugares para que abriera conciertos y para que tocara en diferentes actividades, pero ya la aspiración de ser famoso se había tornado para que Dios fuese el famoso. Y hoy día, por la gracia y misericordia de Dios, Mauricio ha tenido el privilegio de componer canciones y de producir dos CDs que hablan de la gloria, majestad y gracia de Dios. Esto nos hace caernos de rodillas al reconocer que Dios no tiene que usarnos para su obra, pero se place en hacerlo.

Si deseas escuchar las canciones nuevas del nuevo CD producido por Sovereign Grace Music titulado, Eres Dios, puedes escucharlas aquí: http://sovereigngracemusic.org/Albums/Eres_Dios

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Ingratitud

Pecados Respetables…ese es el título del libro que estoy leyendo en estos momentos. Antes de comprarlo, yo sabía que, como decimos en Puerto Rico, “me iba a caer agüita.” Para los que no entienden bien ese refrán, lo que significa es que lo que vas a escuchar, ¡te va a aplicar a ti! ¡Y así ha sido! Y eso… sólo voy por la mitad del libro, por el capítulo en Ingratitud. Para comenzar el capítulo, el autor menciona la historia en Lucas 17:11-19 que nos cuenta de los diez leprosos que tan pronto vieron a Jesús, le gritaron “¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros!” Jesús los mira y les dice que se presentaran a los sacerdotes (ya que los sacerdotes eran los que podían declarar a una persona limpia de la lepra). Y mientras iban de camino, fueron sanados de su lepra. Y de los diez, sólo uno regresó y se tiró a los pies de Jesús a darle las gracias. Jesús pregunta por los otros nueve, ya que ninguno había regresado para mostrar su gratitud. Entonces Jesús le dice a este samaritano que se levantara y se fuera porque su fe lo había sanado. Cuando yo leo esta historia en Lucas siempre pienso lo malagradecidos que fueron esos leprosos. ¿Cómo es posible que hayas tenido una enfermedad tan terrible e incurable, quedas sanado en un par de segundos, y no puedes dar gracias? Pero lo interesante es que nosotros somos como esos nueve leprosos en nuestro diario vivir. ¿Cuántas veces le damos gracias a Dios por su salvación? O, ¿cuántas veces le damos gracias a Dios por permitirnos levantarnos por la mañana, por proveernos comida, aliento, un carro o transportación, un trabajo, ropa, salud? Yo sé que yo he sido culpable de no darle gracias a Dios por ninguna de esas cosas. Es más, me quejo por lo que no tengo y si tengo algo no muestro mi agradecimiento como debería ser. Pero Dios me ha estado enseñando poco a poco que aunque todos somos como los nueve leprosos que no regresaron a dar gracias, podemos poner en práctica lo que hizo el único leproso que vino a dar gracias. Y eso es, que todos los días nos levantemos con la palabra “gracias” en nuestros labios. Creo que voy a terminar este post con una cita del autor. Creo que esto nos ayudará a ver como podemos tener un corazón de gratitud en un mundo que se caracteriza por la ingratitud.

 La mayoría de las personas que leen este libro reconocen que todo lo que tienen proviene de Dios, ¿pero cuán a menudo damos un alto para darle gracias a Él? Al final de un día laboral en tu profesión  o trabajo, ¿tomas el tiempo para decir, “Gracias, Padre Celestial, por darme la destreza, habilidad, y salud para hacer mi trabajo en el día de hoy”? ¿Alguna vez, físicamente o mentalmente, vas por tu casa, mirando tus muebles e otros artículos de decoración y dices a Dios, “Todo en la casa y la comida en la alacena y el carro (o carros) en el camino de entrada son regalos Tuyos. Gracias por tu provisión gratuita y generosa.” Y si todavía eres un estudiante, ¿alguna vez le das gracias a Dios por la habilidad intelectual y provisión financiera que te permite prepararte para tu vocación futura? Cuando das gracias a la hora de comer, ¿es rutinaria o superficial, o es una expresión de corazón tu gratitud a Dios por Su provisión continua en todas tus necesidades físicas?

¡Ayúdanos Señor a ser agradecidos y caer rendidos a tus pies ante todas las bendiciones que nos has dado!

“Como hijos de un Dios soberano, nunca somos víctimas de nuestras circunstancias.”  Charles Stanley

Esta cita está pegada a una pizarrita que tengo en el trabajo. Y tengo que decir que en el día de hoy el leer y releer esta cita me ha ayudado a enfocarme más en Dios que en mis circunstancias. En estos últimos meses Mauricio, mi esposo, y yo hemos estado esperando en el Señor para que confirme ciertos anhelos que tenemos. Muchas de esas oraciones han sido contestadas con un “no,” dejándonos con una pregunta- “¿Qué hacemos ahora?” Mi batalla ha sido entre lo que mi mente sabe acerca de Dios y mis emociones. Las dos no se alinean en estos momentos. Me repito constantemente que Dios es bueno, bueno, bueno a pesar de mis circunstancias. Pero mis emociones se desesperan porque no veo alternativas a las diferentes oraciones que parecen haber resultado en “no” o “no es el momento.” La batalla ha sido fuerte y yo creo que una de las cosas más difíciles es controlar y renovar las emociones que te desesperan por verdades de lo bueno que es Dios. Creo que dentro de mi desesperación Dios me quería consolar con la historia de Job. Aunque nosotros sabemos por qué Job sufrió, él nunca se enteró. Lo único que sabe es que en un momento era rico y en otro momento lo perdió todo de una vez…y hasta su cuerpo se cubrió de llagas. Job también tuvo sus momentos de debilidad donde no entendía porque Dios estaba permitiendo tantas calamidades. Si Job se hubiese dejado llevar por sus emociones lo más probable le hubiese hecho caso a su esposa y hubiese maldecido a Dios. Pero Job tenía un entendimiento de que Dios es bueno y soberano. ¡Y por eso es bendito! Le pido a Dios que me ayude a mantenerme firme y adelante, revistiéndome de la armadura de Dios para poder batallar mis pensamientos y emociones que me quieren decir que Dios no es bueno. Porque Dios sí es bueno. Alma mía alaba a Jehová, no te olvides de sus beneficios, acuérdate de dónde te sacó (Salmo 103).

Salmos 19

Ayer y hoy estuve meditando en el Salmo 19. David empieza exaltando a Dios por la creación y después exalta a Dios por su palabra. El versículo 7-14 dice así,

La ley del Señor es perfecta:
infunde nuevo aliento.
El mandato del Señor es digno de confianza:
da sabiduría al sencillo.
Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro:
permanece para siempre.
Las sentencias del Señor son verdaderas:
todas ellas son justas.
Son más deseables que el oro,
más que mucho oro refinado;
son más dulces que la miel,
la miel que destila del panal.
Por ellas queda advertido tu siervo;
quien las obedece recibe una gran recompensa.

Las líneas ennegrecidas me encantaron. Es una forma de describir la línea que está anterior a esa. Por ejemplo, “la ley del Señor es perfecta.” ¿Por qué? Infunde nuevo aliento. “El mandato del Señor es digno de confianza.” ¿Por qué? Da sabiduría al sencillo. David no se conforma con sólo decir una verdad, si no que la aplica a nuestra vida. La Palabra de Dios infunde aliento, da sabiduría al sencillo, trae alegría al corazón, permanece para siempre, es justa, es mejor que el oro refinando, es tan dulce como la miel que sale directamente del panal; y por último, quién la obedece recibe una GRAN recompensa. WOW!!!  Creo que no hay mejor manera de terminar esta gran verdad que pedirle a Dios lo mismo que le pidió David:

¿Quién está consciente de sus propios errores?
¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!
Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas;
no permitas que tales pecados me dominen.
Así estaré libre de culpa
y de multiplicar mis pecados.
Sean, pues, aceptables ante ti
mis palabras y mis pensamientos,
oh Señor, roca mía y redentor mío.

¡¡Amén!!

Una vida de oración

Si no han leído el libro, A Praying Life, ¡se los recomiendo! Este libro está poco a poco transformando la manera en que yo veo la oración. Y lo más interesante es que me lo recomendaron hace 5 meses y yo no lo había querido leer porque estaba leyendo otras cosas. Pero la verdad es que ha llegado a mi vida en el tiempo preciso. Así que, ¡gracias Dios!

Una de las cosas más interesantes que el autor dice es que la oración causa que cosas misteriosas ocurran a nuestro alrededor (¡no se asusten, no estamos hablando de misticismo! ¡Ja!). Por ejemplo, el autor cuenta que él y su esposa estuvieron orando para que su hija autista pudiese hablar. Y cuando la niña cumplió 5 años, una compañía sacó la primera computadora del habla, la Pathfinder. Esa computadora llegó justo a tiempo para que la niña la pudiese usar y pudiese hablar a través de ella. ¡La oración fue escuchada y contestada! Pero hay personas que quizás dicen, “la computadora se hubiese inventado independientemente de la oración de estas personas.” Muchas veces nosotros actuamos de la misma forma. Oramos para que Dios haga algo y cuando pasa, nos decimos a nosotros mismos, “eso hubiese pasado de todos modos.” Y minimizamos la oración y tratamos de explicar todas las cosas por medios humanos. Pero la realidad es que la oración es poderosa y hasta misteriosa, porque mientras nosotros oramos, sabemos que Jesús intercede para y con nosotros. ¡Dios nos toma en cuenta y se deleita en escuchar nuestras oraciones!

La próxima vez que ores por algo y Dios conceda esa petición, mira hacia atrás y recuerda la gran misericordia que Dios tuvo contigo mientras le pedías. Eso te ayudará a ver la necesidad que tienes por Dios (crea humildad) y te abrirá los ojos a ver que Dios está activo en medio tuyo y que obra todas las cosas para el bien del cristiano (Romanos 8:28).

“Me pregunto: ‘¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?’” ~Salmo 8:4

Un Salmo

Estos pasados días he estado estudiando el libro de los Salmos. Algo que me llama la atención es como el salmista primero expone su caso ante Dios, expresa las dudas o el dolor que siente, pero siempre termina renovando su mente al decirse a si mismo que Dios es fiel y que viene al rescate de aquellos que lo necesitan.

En el día de ayer yo estaba pasando por un momento un poco difícil y sentía que mi mente me hacía preguntas acerca de la fidelidad y el amor de Dios hacia mí. Y Dios, que siempre está cerca de los que le temen y lo aman, me regaló el siguiente escrito que es como un Salmo. ¡Espero que sea de bendición!

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O Dios, tú eres mi Dios
Mi alma te busca.
Sediento está mi ser por más de ti.
Muchos son los enemigos que me acechan.
Muchas son las lanzas de desconfianza que vienen hacia mí.
Muchos son los dardos de amargura que quieren consumir mi ser.
La mente me pregunta, ¿en dónde está tu Dios?
Las emociones me traicionan y me dicen, ¿por qué no cuida Dios de ti?
Pero yo me alegraré en tus palabras.
Tu diestra me sostiene y tu vara y tu callado me dan paz.
Danzaré delante de mis enemigos.
Porque gozo da el Señor a los que le buscan.
Y es aliento para el necesitado.

Selah.

Raíces firmes

“Dicen que cuando se sacude un árbol, se le hace que arraigue más profunda y rápidamente. Lo que sacude la fe de muchos es ver la prosperidad de los malvados a pesar de sus impiedades.” Matthew Henry

El Salmo 11 nos muestra que David estaba muy abatido porque era perseguido por Saúl. Los amigos más íntimos de David le sugirieron que huyera al monte para poder salvar su vida. Pero antes de actuar o quejarse, David comienza el Salmo diciendo, “En el Señor hallo refugio. ¿Cómo, pues, se atreven a decirme: «Huye al monte, como las aves»?” Antes de desesperarse y desconfiar de Dios, el salmista declara su decisión de confiar en Dios, pase lo que pase. David reconocía que los pasos de los justos y los malvados eran vistos por el Señor. Y por lo tanto, Dios iba a ser justicia. Así que si hoy sientes como que estás pasando por diversas pruebas, piensa en ese árbol que es sacudido por el viento o por los seres humanos. Mientras más es sacudido, más profundas se convierten sus raíces. Así que aunque difícil, recordemos de “regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Romanos 5:2-5).