Pedid, buscad y llamad

La oración es un privilegio tan grande. Yo creo que nunca vamos a entender lo grandioso que es el poder tener acceso total a Dios. Me acuerdo que cuando yo era pequeña, alguien me dijo que la oración es como una conversación. No sólo le hablo yo a Dios pero también debería dejarlo hablar a Él. Me acuerdo que un día me puse a orar en mi cama, con mis ojos cerrados y hablé con Dios. Cuando terminé dije, “Bueno, Señor, ya yo hablé, ahora te toca a ti.” Me quedé en pleno silencio. Y después de 5 minutos de no escuchar nada, abrí un ojo para ver si algo iba a pasar. ¡Me da tanta gracia eso! Obviamente, no era el estar en silencio el problema, o el problema no era que Dios no me podía hablar audiblemente, pero Su Palabra es la mejor manera para escuchar de él y saber cuál es su voluntad. En Mateo 7:7-8 Jesús dice, “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”. Jesús nos dice que pidamos. La persona que pide está consciente de su necesidad de algo. Muchas veces el pedir nos muestra cuán débiles y frágiles somos. El pedir nos muestra que nuestra necesidad no se puede llenar por nuestras fuerzas, si no que alguien tiene que llenar esa necesidad. Y ese alguien es Dios. El pedir nos hace dependientes de Dios y nos mantiene en un estado de humildad. Pero muchos de nosotros pedimos y nos quedamos en eso. Pero Jesús dice que “busquemos”. Que busquemos su contestación. ¿Alguna vez se te ha perdido algo valioso? Piensa en lo que hiciste para recobrar esa cosa. Rebuscas y buscas y rebuscas de nuevo y no te das por vencido hasta encontrarlo. El buscar te hace perseverante. Y muchas veces dentro de la búsqueda aprendes si verdaderamente lo que estás buscando tiene valor. Lo precioso de buscar es que encontramos la voluntad de Dios. Después de pedir y buscar, llamo. Cuando yo pienso en “llamar” pienso en una persona que está a la puerta de su amigo y llama su nombre. Y cuando no recibe contestación sigue llamando y llamando con insistencia hasta que te abren la puerta. El llamar es como insistir y preservar en la contestación de Dios hacia tu petición. Pero el llamar implica también esperar la voluntad de Dios. La puerta que se te abra quizás no va a hacer lo que tú quieres, pero va a ser lo mejor para ti. Así que es un constante ciclo. Pido, busco, llamo. Y cuando pido, recibo. Cuando busco, encontraré. Y cuando llame, se me abrirá la puerta. ¿Será que siempre pediré y recibiré lo que quiero? Quizás no…pero sabemos que lo que se nos dé, lo que encontremos o la puerta que se nos abra será mucho mejor que los planes que nosotros hubiésemos podido pensar para nosotros mismos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s