Hambre y sed

Ha habido ocasiones donde me he concentrado tanto en un proyecto por un largo tiempo, que se me olvida merendar o beber agua. Cuando finalmente me doy cuenta, ya es muy tarde…no importa qué o cuánto coma o beba, mi cuerpo no parece saciarse. ¿Alguna vez te ha pasado esto?  No podemos negar que el hambre y la sed son necesidades de nuestro cuerpo que retornan constantemente y piden nueva satisfacción todos los días. ¿Qué pasaría si nosotros pudiéramos sentir lo mismo cuando tiene que ver con la palabra de Dios y la santidad? Mateo 5:6 dice, “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.” Antes, yo pensaba que este versículo se refería a la justicia social. Por ejemplo, “Dichosos los que tienen hambre y sed de ver que se haga justicia ante el inocente, etc.”  Pero eso no es lo que quería decir Jesús en Mateo 5:6. La justicia a la que él se refiere es a la constante búsqueda de la santidad. El caminar en santidad es algo que toma práctica. Y de la única forma que podemos caminar en santidad es estudiando la palabra de Dios y aprendiendo más de cómo Dios quiere que vivamos. Pero, si nosotros no sentimos estudiar y conocer más de Dios, entonces esta santidad no se va a producir muy bien en nosotros. Por eso Jesús dice que dichoso es el que tiene hambre y sed de caminar en santidad. Más o menos esto nos pinta un cuadro de una persona que no puede saciar su sed o hambre de buscar a Dios. Es como si la búsqueda de la santidad es una necesidad tan básica del cuerpo, como lo es la comida y la bebida. En respuesta de esa búsqueda por la santidad, Jesús dice que ellos “serán saciados”. Dios nos sacia cuando buscamos su rostro. Y lo mejor de todo es que cuando Dios nos sacia, queremos seguir aprendiendo más de él. ¿Alguna vez has aprendido algo de la palabra de Dios y cuando tu  entendimiento se abre ante una verdad, lo que quieres es saber más y más? ¡Es un ciclo perfecto! Yo aprendo, Dios me sacia y en respuesta quiero más. Pero lo mejor de todo es que nuestra hambre y sed algún día serán completamente saciadas cuando estemos en el cielo. Finalmente, veremos a nuestro Salvador cara a cara y él llenará todas nuestras necesidades al convertirse él en nuestra única necesidad.

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