Caminando por el desierto (Génesis 16)

¡Qué doloroso el relato de Génesis 16, pero que grandes enseñanzas hay en él! Primeramente, vemos que Sarai, al no poder tener hijos le propuso a Abram el acostarse con Agar para poder tener hijos a través de ella. Quizás Abram aceptó porque aunque Dios le había dicho que iba a tener un hijo, no le había revelado que sería a través de Sarai. Hubiese sido mejor el que consultasen a Dios primero, ya que Dios acostumbraba a visitarles y hablarles constantemente.

Cuando Agar se dio cuenta que estaba embarazada, miró con desprecio a Sarai. Por eso Sarai se quejó ante Abram y este le dice que hiciera con Agar lo que ella quisiera. En el versículo 6 vemos que Agar termina en el desierto y se encuentra con el Señor.

¿Señor, que me estás tratando de decir o cómo puedo aplicar esto a mi vida?  

Vamos a analizar a las dos mujeres- Sarai y Agar.

Sarai– Dentro de su frustración, tomó una decisión basada en la emoción. Sabemos que fue en la emoción porque no pidió consejo (ni de Dios ni de Abram) y las consecuencias fueron inmediatas. Tuvo que echar a Agar de su casa porque ésta la miró con desprecio. ¡Cuántas veces no hemos hecho lo mismo que Sarai! Tomamos decisiones drásticas sin pensar ni buscar consejo y hasta (muchas veces) arrastramos a otros en nuestro pecado. Pero Dios es tan misericordioso y se compadece tanto de nosotros, que “no nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades. (Salmo 103:10)”  Y vemos Su misericordia con Sarai y Abram en que a pesar de su mala decisión, le concedió un hijo que fuese de los dos.

Agar– Aunque tenía posición de esclava, dejó que la noticia de su embarazo la llenara de orgullo y de alteza al compararse con Sarai. Por eso, Dios permitió que Agar pasara por el desierto para quebrantar su orgullo. Tenemos que admitir que en el desierto, estamos más dispuestos a escuchar la voz de Dios porque es cuando más lo necesitamos (Oseas 2:14). En el desierto Dios habla con Agar. Empieza por recordarle a Agar su lugar en la casa de Abram y Sarai. Le dice, “sierva de Sarai.” Interesante que dijera esto, ya que Agar se había convertido en mujer de Abram al acostarse con él. Pero Dios le recalca a Agar su posición, y le dice “sierva” porque ella era la sierva de Sarai, no la señora de Abram. Después le hace dos preguntas. “¿De dónde vienes?” y “¿a dónde vas?”. La primera pregunta quiere decir ¿de qué lugar has venido y que deber has abandonado? La segunda pregunta le abre los ojos para darse cuenta de que se estaba exponiendo a muchos peligros en el desierto y que al estar huyendo hacia Egipto, estaba encaminándose hacia el pecado. Estas preguntas llevaban a una conclusión, que fuese sumisa a Sarai y regresara a sus responsabilidades.

¿No te ha pasado que muchas veces piensas que mereces más de lo que tienes y no es hasta que ocurre un problema (desierto) en tu vida que Dios te hace preguntas claves para quebrantar tu orgullo o mostrarte algo de tu persona que él quiere que vayas cambiando con Su ayuda? Creo que cuando nos encontramos en un desierto nos podemos hacer estas preguntas claves, “¿de dónde vienes?”. Básicamente, ¿cuál es la situación que me ha traído al desierto? Muchas veces llegamos al desierto porque tomamos decisiones incorrectas o porque simplemente Dios quiere purificar algo en nosotros y hacernos más como El. Si somos nosotros los que hemos tomado las decisiones incorrectas, se nos va a hacer claro qué fue lo que hicimos mal. La otra pregunta es, “¿a dónde vas?” En otras palabras, ¿Qué voy a hacer con este proceso de aprendizaje (o desierto)? ¿Voy a pedir perdón, levantarme con la ayuda de Dios y seguir buscando la voluntad de Dios o voy a escoger el pecado y dejar que mis emociones me alejen de la voluntad de Dios? Aunque te hayas descarriado y alejado de los pasos de Dios o si estás teniendo problemas siendo fiel en tus responsabilidades, no te desanimes. Recuerda que el amor de Dios no cambió hacia Abram y Sarai porque pecaron. Tampoco hubo menos gracia para Agar porque ella corrió de sus responsabilidades. Al contrario, Dios restaura los corazones quebrantados y renueva un espíritu nuevo dentro de nosotros. Así que pon tu confianza en Dios diariamente y recuerda que los desiertos son momentos de aprendizaje que no durarán para siempre.

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